Cuando hablamos en términos tecnológicos, lo primero que se viene a la mente es un serio problema que afecta a millones de personas en el mundo: la brecha digital, que con el tiempo está pasando a convertirse en una limitación adicional para personas que ven sus circunstancias personales agudizadas por este, ya casi, paradigma social.
Esta ruptura o falta de conexión entre las personas y la tecnología viene derivada de causas como la ausencia de recursos, la falta de conocimientos, que perfectamente puede proceder de la primera causa; también de la distancia que, en muchas ocasiones, marca la edad. En definitiva, múltiples motivos que hacen que las personas se sientan alejadas de un elemento tan útil para mejorar la vida de las personas.
A todas estos condicionantes podemos sumar algunos más, que resultan claves para medir la distancia entre tecnología y personas. Es cierto que esta se recorta cada vez más, pero ciertos factores hacen que esta distancia aumente. Y es que, en determinadas zonas (y no en pocas) del mundo, ser mujer y tener alguna discapacidad amplifica enormemente esta brecha digital.
La amplifica tanto como otras muchas situaciones que aíslan a la mujer, por el mero hecho de serlo y más aún por tener alguna discapacidad. Comencemos por el “Primer Mundo” y echemos la vista atrás. Preguntémonos, ahora, cuáles son las desigualdades entre hombres y mujeres que perduran en el tiempo y qué cambios se han dado en los últimos años y décadas. Pues bien, aquí podríamos hablar de desigualdades en ámbito personal, en el laboral, y, cómo no, en el social. Pero, aun así, los avances en igualdad son admirables, por efectivos y por rápidos, concentrándose especialmente en los últimos 15-20 años.
Volviendo al ámbito de la tecnología, cabe destacar que, a pesar de que en ocasiones puede ser excluyente, si las personas disponen de los mismos recursos y conocimientos, esta equilibra las diferencias, igualando la capacidad de todas las personas para realizar las mismas acciones y alcanzar los mismos objetivos. Pensemos en la cantidad de gestiones on-line que podemos realizar: administrativas, personales, de acceso a la información, profesionales, etc. Si dos personas, hombres o mujeres, disponen de los mismos recursos y conocimientos podrán realizarlas de igual modo, sin distinciones. Aquí la brecha se rompe.
Pero, ¿qué ocurre cuando las personas, hombres o mujeres, no disponen del acceso a los recursos imprescindibles para realizarlas? Aquí la brecha aumenta y se pone de manifiesto la necesidad de equilibrio. Pues bien, trasladémonos ahora al “Tercer Mundo”, donde la brecha digital, social, laboral y personal entre hombres y mujeres se magnifica y se multiplica casi sin fin. Ciertas sociedades aíslan a la mujer por el hecho de serlo, la incapacitan, haciendo que dependa de su figura masculina más cercana para todo; dirigen su vida y destinan sus esfuerzos y sus capacidades a trabajos físicos, a ser madre y a cuidar de su familia. ¿No os recuerda a algo? Esta situación es la que vivíamos en nuestro “avanzado” primer mundo hace no mucho.
Decimos “avanzado”, entre comillas, porque ningún esfuerzo será suficiente hasta que la igualdad sea real, efectiva y garantizada por las instituciones, por el Estado y por la sociedad. Sin duda queda mucho por hacer, siendo las personas que formamos la sociedad los potenciales garantes de esta igualdad real.
En lo que respecta a Amica, durante el año 2022 hemos realizado formación en tecnología y digitalización a 99 trabajadoras de Amica y sus centros especiales de empleo, de las cuales 49 tienen discapacidad, a través de cursos de formación variados como Búsqueda de Empleo por Internet, Herramientas de Comunicación Digitales; Digitalización aplicada al Sector Productivo, Competencias Digitales Básicas; Radiofrecuencia, La Transformación tecnológica al servicio de las personas y Ofimática en la nube: Google Drive y redes sociales, entre otros.
Con las alumnas con discapacidad que se están preparando para el mundo laboral se han desarrollado también formación participando 68 a través de 16 cursos diferentes del ámbito tecnológico.
Ciñéndonos a los datos generales, a nivel estatal se observa una tasa de paro del 22,5% en personas con discapacidad frente al 14,7% de personas sin discapacidad (datos de 2021). En cuanto a la disgregación de las tasas de empleo y paro por sexo, observamos una tasa de empleo del 72% en hombres sin discapacidad frente al 60,7% en mujeres sin discapacidad, mientras que la tasa de paro en hombres sin discapacidad es menor (12,9%) que la de las mujeres sin discapacidad (16,7%). Estos datos se revierten si hablamos de personas con discapacidad: la tasa de empleo es menor en hombres (26,6%) que en mujeres (27,1%). En cuanto a la tasa de paro, el 22% de los hombres con discapacidad se encuentran desempleados frente al 23% de las mujeres.
En cuanto a Cantabria, la tasa de actividad general es del 54,26% (50,4% en mujeres y 58,75% en hombres), siendo la tasa de empleo del 48,65% (43,64% en mujeres y 53,99% en hombres).
Son estos significativos datos los que nos ayudan a poner nombre a una situación que debemos resolver entre todas las personas: la desigualdad entre hombres y mujeres. En Amica llevamos más de 15 años trabajando en la búsqueda de la igualdad real y efectiva. Nuestro objetivo es compartir nuestro ánimo por trasladar el 8M a cada día del año para, así, visibilizar que todos y todas somos iguales y que, por tanto, merecemos un trato idéntico y justo en concordancia con los tiempos que corren y con los que están por venir.


