La pasada semana, Amica, como miembro de SpainNAB, el Consejo Asesor para la Inversión de Impacto, participó en la Asamblea General, en la que nos encontramos con otras entidades y profesionales participantes en el Consejo. Asimismo, participamos en el Briefing Taskforce Social, en el que aportamos nuestra experiencia en la sesión sobre Inversión de impacto a través de estructuras e instrumentos innovadores.
En el marco de esta temática, los días 2 y 3 de octubre se celebrará en Málaga el GSG Global Impact Summit. España será sede de este evento mundial de GSG, organización que persigue la captación de inversión privada, que, de forma complementaria con la pública, ayude a cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Los 3 temas principales que abordará la Cumbre serán:
– La movilización de capital hacia las personas y el planeta, donde más se necesita.
– El logro de la plena transparencia en la medición del impacto.
– El crecimiento de la economía social y de impacto en Europa y más allá.
Cuando hablamos de impacto, lo hacemos de bienestar social, de beneficios que van más allá de lo económico. Se trata de que la preocupación de los accionistas de las empresas se centre en algo más que la obtención del máximo beneficio y que vaya también enfocada al bienestar social y medioambiental que las acciones de sus compañías generan. Y para ello, son las empresas las que deben atender, escuchar, entender y responder a las necesidades de los clientes, empleados y de la sociedad en general.
Y para lograrlo, los líderes del futuro deben gobernar desde la ética, el propósito y el ejemplo. Se prevé que, en unos 20 años, en la cotización de las empresas pese más su impacto social que su valor económico. Y este cambio debe acelerarse desde la comunidad y dinamizando el cambio en la ciudadanía.
Este cambio del que hablamos, es preciso centrarse en involucrar a los activos financieros mundiales. Sí, hablamos de inversión internacional, es esencial también movilizar la inversión de los activos gestionados profesionalmente. La idea base es utilizar la riqueza para transformar el mundo. Un objetivo ambicioso, pero no imposible. Muchas personas herederas de grandes fortunas se muestran convencidas de utilizar su dinero, o parte de él, para promover el cambio social. Pero queda mucho camino por recorrer, ya que solo el 10% de los activos financieros mundiales están invertidos en el sector responsable. De este porcentaje, tan solo el 1% es inversión de impacto.
Uno de los mayores inconvenientes de la economía de impacto es que habitualmente el riesgo percibido es muy alto. Pero existen herramientas de medición y control que convierten la realidad en algo bien diferente: el retorno de estas inversiones es real y efectivo, y cada vez mayor. Es cierto que hay una concienciación creciente entre inversores, pero debe aumentarse la velocidad a la que se inyecta capital en empresa social cuyas acciones tienen un impacto positivo.
Y, acercándonos a lo social, ¿qué es ese impacto positivo? Se trata de que las acciones y la labor de las empresas tengan un efecto evidente y medible en la sociedad en general, en el medioambiente y en las personas en particular. ¿Qué hacemos las empresas sociales por mejorar la vida de las personas? O, mejor, ¿cómo nuestra forma de trabajar y de actuar la mejora? Una de las cuestiones fundamentales que cualquier empresa, social o no, debe plantearse es conectar con la realidad, con lo que sucede. Este es el único modo de cambiar las cosas. Si se ignora que existe un problema, no será posible solucionarlo.
El Tercer Sector tiene una posición privilegiada porque conoce a fondo los problemas sociales y es capaz de actuar como interlocutor ante la Administración General del Estado en temas relacionados con las políticas sociales. El conocimiento de los problemas que afectan a las personas se antoja fundamental a la hora de buscar soluciones.
El pasado verano tuvimos el privilegio de colaborar en la organización del curso de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) con el Centro Yunus Cantabria, integrado en la Universidad de Cantabria (UC) “El camino hacia la economía de impacto: Inversión y medición”. Un evento que reunió a decenas de profesionales y expertos del ecosistema del impacto. Una oportunidad para que los agentes implicados nos conociéramos o, simplemente continuáramos asentando conocimientos e intercambiando experiencias.
Es este un campo con un margen de crecimiento inmenso, que debe ser fomentado por las personas y para las personas: desde los inversores, los empresarios, los ahorros de los trabajadores y familias. Cada persona y sus acciones tienen influencia en el cambio social y medioambiental, en el cuidado de la casa común: el planeta. No se trata solo de responsabilidad social, de cuotas, sino sobre todo de generar transformación y de conseguir que la calidad vida de las personas esté asegurada y las sociedades preparadas para los grandes retos demográficos, medioambientales, climáticos…que afrontamos. Ahora es el momento, no hay marcha atrás ni más tiempo para la indecisión.


