La experiencia de la peregrinación jacobea genera un impacto sociocultural y económico bidireccional entre el caminante y el territorio. No obstante, para garantizar el derecho de participación intrínseco a toda persona, independientemente de su edad, salud o discapacidad, los modelos de gestión del Camino de Santiago deben evolucionar hacia el diseño universal.
El Camino de Santiago, como patrimonio mundial de la UNESCO, experimenta un incremento de peregrinos con discapacidad que enfrentan barreras físicas, cognitivas y comunicativas debido a la falta de información y recursos adaptados. Basándose en los principios de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, el proyecto Interreg ULTREIA SUDOE ha desarrollado una línea transversal para fomentar una cultura de accesibilidad universal que permita implementar políticas que guíen la planificación y organización del Camino de Santiago.
Este artículo analiza las directrices y conclusiones extraídas de su Guía de buenas prácticas de inclusividad (2024) y de los informes realizados tras analizar la accesibilidad de 5 entornos del Camino de Santiago en Cantabria (Camino Lebaniego), Castilla y León, Galicia, Vila Pouca de Aguiar (Portugal) y Eauze (Francia), junto a personas con discapacidad y profesionales. A través del análisis de la «cadena de accesibilidad» en itinerarios, transportes, servicios y eventos, se proponen pautas de gestión pública y privada que demuestran cómo el diseño universal en entornos patrimoniales no solo garantiza derechos, sino que revaloriza el desarrollo socioeconómico territorial.


